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Impacto negativo del hombre sobre las tortugas marinas

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Existen bastantes razones que explican el por qué la población de las tortugas marinas en su conjunto está en peligro de extinción. No solo los depredadores naturales son sus enemigos; también los humanos, con sus actividades incontroladas, se convierten en la principal causa de que las tortugas marinas de todo el mundo estén amenazadas.

A nivel más cercano, los pescadores locales, que utilizan sin cuidado redes y otros equipos para la pesca, provocan que las tortugas se enreden y mueran. Así mismo, muchas especies de tortugas marinas son cazadas para consumo, especialmente, de los habitantes donde están las tortugas. Forma parte de su cultura. Pero el peor ataque procede de los que comercializan la carne, los aceites de sus cuerpos (para uso cosmético y farmaceútico) e, incluso, sus conchas para bisutería (anillos, aros, pulseras, collares, etc.), peines, bolsos y otros objetos. En las costas de Centroamérica y el Caribe hay gremios de artesanos cuya actividad se centra, casi exclusivamente, en la elaboración de estos objetos a base del caparazón de las tortugas: el carey es el más demandado. Los últimos estudios de CITES, así lo demuestran.

Los huevos de tortugas son considerados un manjar exquisito y se venden a un precio alto, para las cartas de restaurantes, especialmente, los que dependen del turismo. También se les atribuyen propiedades afrodisíacas. Muchos de los huevos depositados en la tierra son robados antes de que las crías se desarrollen.

Otra agresión es la de capturarlas para disecarlas y exportarlas. Van destinadas a coleccionistas y “amantes” de especies raras.

A pesar de las leyes de los gobiernos, existe un comercio clandestino, con la complicidad de los habitantes locales, dirigido por empresas que obtienen beneficios contables de las tortugas marinas. La venta de los objetos derivados de la tortuga en Europa, Asia y América del Norte es algo notable, a pesar de las crecientes denuncias por parte de las ONGs.

A escala media, la destrucción de su hábitat, sobre todo, los lugares donde ponen sus huevos, impide la reproducción de las mismas. Esto se da, especialmente, en zonas costeras, debido a la construcción de viviendas y lugares de ocio, sin tener en cuenta el respeto a la fauna.

Finalmente, se puede hablar de la contaminación del agua de los mares, no solo con productos químicos, sino también con basura. Los vertidos de petróleo matan cada año a cientos de tortugas y otras especies marinas; también de otros químicos, procedentes de la industria, hay veces que son visibles, otras no, de tal modo que no se controlan fácilmente.

Las embarcaciones de ocio, con sus fondeos, alteran el ecosistema marino. No solo el desplazamiento, sino también la limpieza de grandes buques, barcos pesqueros y otros transportes marítimos, provoca el vertido al mar de líquidos tóxicos.

La pesca agresiva empobrece el mar, especialmente la de arrastre, que captura sin control a tortugas marinas. Una vez liberadas, son devueltas al mar, heridas e, incluso, muertas.

Finalmente, la producción incontrolada de gases de carbono o de nitrógeno, afecta al mar, provocando una acidificación. También el adelgazamiento de la capa de ozono agrede los ecosistemas marinos, alterándolos hasta hacer imposible la vida de las especies más desprotegidas.

 

Más información sobre las distintas especies de tortugas marinas

Foto: NOAA Marine Debris Program